(Y) cenizas

Y de verano tarde, y de caminar ganas, y para andar piernas, y de frente recuerdos, y …

salgo por la puerta, que es por donde se sale, no por la ventana, y no por que que dinero tenga y el amor sea joven para mí. Voy cansado ya, con ropa de domingo, pero de dominguero, no de muda de este día. Calzado prieto, ropa comoda, visera no recuerdo si llevaba, pero por si acaso, llevaba, pues quiero recomendar su uso con mi consejo, aunque no dé ejemplo. Cámara en mano, mi herramienta preferida de registro, del tiempo y lugar preciso, que es poco, y que por eso intento completar con esto:

Llevo escasa media hora bajo los pies y detrás de mí, es pronto, queda mucho, y me lamento de no haber mantenido, más y mejor, en forma mi cuerpo, de haberme abandonado en placeres y pecados capitales, tales como la gula, ¡que rica! Y la pereza. Aunque el dolor es catártico, tal vez por que despierta regiones del cerebro dormidas, sí, de una manera abrupta y precipitada, pero en este caso el fin justifica los medios, no hago otra cosa mas que dejar escapar de mi garganta quejidos guturales, sin miedo a perder mi valía masculina a sabiendas de ser sólo escuchados por mí. Estoy en mi pueblo, y todos sus parajes me son familiares, pero eso no impide que me pierda en cada intersección, que dude, debido a la misma naturaleza de éstas. Intento atajar, montaña arriba, y es que mi destino se encuentra al otro lado de ella. Creo que tardo más de la cuenta, que tropiezo varias veces, y que en alguna de ellas paso miedo de despeñarme. Por suerte, no lo hago.

Llego arriba: – ¡Ay! (sin palabras).

(Y con ellas) con palabras: «Veo, bañada la cumbre con la luz anaranjada de la tarde, mediada, un pequeño llano en lo alto, una pequeña parcela de cielo reflejada, en flores, alfombradas sobre un negro suelo que les sirve de lienzo para sus claros colores, con su disposición imperfectamente ordenada para estimular mis ojos, y a continuación mi mente, en una explosión de placer sin precedente. Y es que es un mal que por bien venido no deja de serlo».

Me siento, cansado, que es como debería sentarse uno siempre, aturdido y relajado al mismo tiempo, aspiro el aire puro que hasta entonces mi corazón, alborotado, había robado de mi seco paladar, por lo que ahora lo puedo saborear a gusto. Lo mastico, sabe a mil flores, como la miel de la que las abejas liban néctar para hacerla, y de la que falta una. Antes amarillas, y ahora negras; de suelo y lienzo.

» (Y aquí, cronológicamente, es donde debe encuadrarse la foto de cabecera) «

Me levanto, asqueado, mucho, herido, y con la desazón que sólo da un recuerdo lamentable. Bajo ya mirando la vertiente opuesta, e intentando encontrar el sendero, dejarme de atajos.

(Me pierdo).

Me paro.

Me siento, otra vez.

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  1. J. D. Moreno dice:

    Un saludo Félix, muy buena entrada, como siempre, y muy oportuna.
    Un cordial saludo.

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